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Las enzimas en tu alimentación, fuente de salud y juventud.

Este artículo es la segunda parte de El Poder de las Enzimas, basado en el

libro "La Enzima Prodigiosa", Best Seller del New York Times, escrito por el Dr. Hiromi Shinya.

 


La semana pasada, en El Poder de las enzimas, te platicamos sobre los fundamentos y aspectos principales de las investigaciones del Dr. Shinya sobre las enzimas, y su papel fundamental en la vida. Después de revisar algunas estrategias para conservar nuestras enzimas, hoy te queremos contar, de forma muy práctica, cómo aportarle a tu cuerpo enzimas diariamente.



Observa a la naturaleza


Los seres humanos formamos parte de un ecosistema, de una extensa y compleja red de relaciones con otros seres vivos, y somos resultado de millones de años de evolución. La naturaleza funciona de una cierta forma porque es resultado de dicha evolución.


¿Por qué es crucial observar a la naturaleza para cuidar de nuestra salud? Porque nuestro cuerpo, todos nuestros órganos y procesos internos están diseñados para responder a nuestra propia evolución, y la alimentación no es una excepción.


CARNÍVOROS Y HERBÍVOROS

¿Has visto qué tipo de animales comen los carnívoros? En cualquier documental o programa sobre animales, hemos visto esas carreras de leones y tigres persiguiendo a sus presas, lo que tal vez no hemos razonado es que esas presas son, prácticamente siempre, animales herbívoros, como antílopes, cebras o ciervos, entre otros, ¿por qué es esto?


Los carnívoros saben, por instinto, que necesitan los nutrientes que solo podrían obtener de plantas, es por ello que comen especies herbívoras, esos animales que se convierten en sus presas ya consumieron y procesaron nutrientes de origen vegetal, y los pueden aprovechar.



TUS DIENTES

Siguiendo con los documentales estilo Animal Planet, o Discovery Channel, seguro has visto imágenes de las impresionantes dentaduras de los tiburones, o los enormes colmillos de tigres y grandes felinos, y sin embargo, ¿sabes cómo son los dientes de vacas o jirafas?


El diseño dental lo dice todo sobre la dieta de una especie, las dentaduras y mandíbulas diseñadas para desgarrar y comer carne son muy diferentes a los dientes y mandíbulas diseñadas para cortar y triturar hojas, plantas, frutos o semillas.


Un ser humano adulto tiene 32 dientes: tenemos 8 incisivos (frontales), 4 caninos, 20 molares (incluyendo las "muelas del juicio"). Los dientes incisivos, planos y cuadrados, están diseñados para cortar y morder plantas, vegetales y frutas, mientras que los molares sirven para moler esos vegetales y frutas, así como semillas y frutos secos. Los caninos son los únicos diseñados para comer carne.


Considerando que solamente 4 de 32 dientes humanos son naturalmente diseñados para comer carne, de esto deducimos que solamente entre el 10% y el 15% de nuestra dieta debería ser de origen animal. Sin entrar en debates sobre el estilo de vida o dieta que elige cada quien, nuestra dentadura nos indica cuál es el camino natural a seguir, y si deseamos consumir proteínas animales, debemos compensar su ingesta con suficientes vegetales.



ELIJE BIEN TUS PROTEÍNAS ANIMALES

Si deseas incluir proteína animal en tu alimentación, hay una regla muy específica que puedes seguir para elegir la opción más sana para ti, y sobre todo, considerar el tipo de grasa que ingerirás junto con la carne.


Las grasas se ven afectadas por la temperatura, si una barra de mantequilla la pones al calor se hace líquida, y si nuevamente observamos la naturaleza, las grasas presentes de forma natural en seres humanos y animales responden en su composición a las necesidades de cada especie.


Considerando esto, consumir carne o proteína animal de especies con una temperatura corporal más baja que la nuestra es mucho más sano, ¿por qué? Si consumimos carnes de animales con una temperatura mayor a la nuestra, la grasa que se contiene en su carne se hará más espesa en nuestro organismo y torrente sanguíneo, al estar a una temperatura menor de lo natural, causando problemas circulatorios.


En cambio, si consumimos pescados, cuya temperatura corporal es más baja, sus aceites y grasas serán más líquidos en nuestro organismo, al entrar en un medio ambiente más cálido, y de esa forma, fluyendo mucho más libremente.



LA LACTOSA...

Seguramente ha escuchado sobre la "intolerancia a la lactosa", que normalmente se presenta después de los 25 o 30 años de edad, ¿sabes a qué se debe?


Si recuerdas la primer parte de este artículo, todos los seres vivos nacemos con un número predeterminado de algunos tipos de enzimas, de acuerdo a las investigaciones del Dr. Shinya, la lactasa es una de ellas. La lactasa a es una enzima cuya única función es procesar la lactosa que ingerimos.


El Dr. Shinya ha encontrado también en sus investigaciones que, dado que solo deberíamos consumir lactosa cuando somos bebés, la lactasa es una de esas enzimas que tienen una cantidad limitada, y por ello, cuando agotamos nuestra reserva, nos volvemos "intolerantes", o dicho de otra forma, ya no podemos procesar la lactosa de forma adecuada, generando malestares estomacales.


Es importante recalcar que diversas investigaciones han encontrado que la leche de vaca contiene considerablemente más lactosa que la leche materna, por lo cual, agota mucho más rápidamente nuestras reservas de lactasa, nuestro cuerpo no está diseñado para procesas ese tipo de leche. Así mismo, el balance de nutrientes es distinto al que requerimos los seres humanos.


Ahora, observando a la naturaleza, ¿conoces alguna otra especie de mamíferos que extraiga y consuma la leche materna de otras especies? Desde el punto de vista biológico, los seres humanos solo estamos diseñados para consumir leche materna.


La conclusión de sus investigaciones es que, una vez que dejamos los primeros años de edad, ya no deberíamos consumir alimentos con lactosa.



...Y LOS LÁCTEOS.

Otro aspecto muy importante a considerar es cómo se procesa la leche de vaca hoy en día. Como sabes, la pasteurización permite esterilizar diversos alimentos, lácteos particularmente, al elevar considerablemente su temperatura, el problema viene del procesamiento masivo de lácteos.


Originalmente, la pasteurización se llevaba a cabo "a temperatura baja sostenida", o LTLT en inglés. Esto significa, someter la leche a una temperatura de entre 62ºC y 65ºC durante 30 minutos. Hoy día, la necesidad de las grandes industrias de acelerar sus procesos y producir masivamente ha provocado que la "pasteurización a ultra alta temperatura" (UHT), que requiere elevar la leche a entre 120ºC y 130ºC durante 2 segundos, o incluso 150ºC durante 1 segundo.


¿Cuál es el problema de esta pasteurización? Que las enzimas se empiezan a descomponer a altas temperaturas, y a 115ºC se encuentran totalmente destruidas, por lo que la leche procesada por las grandes industrias se considera un "alimento muerto".


Por otro lado, para que la leche no sedimente grasas y tenga un aspecto agradable para los consumidores, se somete a un proceso de homogeneización que le inyecta oxígeno, y por lo tanto, comienza el proceso de oxidación de la leche desde antes de ser siquiera envasada. La leche de las grandes industrias llega a nuestra mesa oxidada, muerta, sin enzimas, y con potencial de radicales libres.


Si te encantan los lácteos, recuerda balancear bien tu alimentación con antioxidantes, y de ser posible, prefiere los lácteos orgánica, de pequeños productores, no de alta industrialización o procesamiento.



Recomendaciones específicas


Ahora que ya conoces varios aspectos a cuidar, y recomendaciones de alimentos que debemos evitar, es importante que tomes en cuenta las siguientes recomendaciones al elegir los mejores alimentos:


  • Granos integrales: Al elegir granos como el arroz, prefiere siempre sus versiones integrales. recuerda que muchos nutrientes y enzimas se localizan en sus cáscaras o recubrimientos. No olvides incluir también en tu ingesta diaria las leguminosas.


  • Recuerda, come carne preferentemente de animales con temperatura corporal menor a la de los seres humanos.


  • Hidrátate bien, todos los días.

  • Evita alimentos procesados o con altas concentraciones de azúcar. Recuerda, entre más frescos los alimentos estarán más llenos de enzimas y de vida.


  • Elige carbohidratos de calidad: centeno, mijo, maíz, amaranto, quinoa, arroz integral o cebada sin refinar son grandes fuentes de carbohidratos. ¡No le temas a los carbohidratos!, solo elígelos bien.


  • Cuida tus grasas: siempre prefiere aceites de origen vegetal para cocinar, tienen menores concentraciones de grasas saturadas, tales como los aceites de oliva, soya, maíz, ajonjolí, colza, azafrán o arroz.

  • Consume conscientemente alimentos con alto contenido en fibra y antioxidantes.


  • Supleméntate moderadamente e inteligentemente, recuerda que las vitaminas y minerales trabajan siempre en conjunto.


  • Vegetales marinos: las algas de diversos tipos son una fuente alta en fibra, y ayudan particularmente a mantener un intestino sano. Algunos ejemplos recomendados por el Dr. Shonya son el nori (algas comestibles), el kanten, el aonori y el wakame.


  • ¡Descansa! el reposo es importante para que tu cuerpo se regenere, es sano tomar una siesta si tu cuerpo te la pide.



Y por último, nunca lo olvides, ERES LO QUE COMES, LITERALMENTE. Tus células tienen diversos ciclos de regeneración, siendo los más extendidos de 60 días, de modo que todo tu cuerpo, todas tus células vivas, están construidas con aquello que ingeriste los últimos 2 meses. ¿Qué tantos nutrientes de calidad les aportaste? ¿Cómo quieres que estén tus células a futuro? Todo depende de lo que comas hoy.



 


Referencia:

Shinya, H. (2018). La enzima prodigiosa. Penguin Random House Grupo Editorial.


Nota: Este está a la venta a través de las principales librerías y plataformas en línea en México, tanto en versión impresa como en formato electrónico.

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